No es que me considere presumida, pero me gusta verme bien, aunque no siempre es posible, pues la cantidad de tiempo que antes tenía para mi solita y cuidarme, ahora lo ocupa en toda su totalidad el pequeño de la casa y no es q me moleste, pero mis manos hace meses que no saben lo q es una manicura y la piden a gritos las pobres.
Tengo que decir que en los primeros meses de mi recién adquirida maternidad solo me preocupaba de que mi pequeño fuera de punta en blanco, que si capota a juego con el bolso, conjuntos de perle, como dice mi marido, lo vestía de froilancito, pero a mi me da igual lo que piensen los demás, a mi me encantaba y mi niño no se quejaba. Pero claro el niño siempre iba perfecto, pero su madre ni hablar del peluquín, a veces llegue a salir hasta sin peinarme, con lo que yo había sido, que hasta me combinaba los pendientes con el collar y la ropa, la manicura siempre perfecta, y por supuesto prohibido salir de casa sin peinarse. Pero esta época pasa, igual al resto de mamas no les dio tan fuerte como a mi, pero yo tardé mucho en recuperarme del parto y todo eso me parecía muy secundario, pero todo eso cambia, sobre todo cuando debes volver a tu vida laboral y te das cuenta que lo que hay en tu pelo casi podría llamarse mecha California de la cantidad de raya que llevas, así que pones poco a poco remedio a todo y vuelves a sacar tiempo para ti.
Y es en el momento en el que volví a trabajar cuando me di cuenta de que algo no marchaba como debía, es decir que delante del ordenador las cosas no se veían igual que antes y es que el embarazo no solo me trajo un niño estupendo, sino unas gafas nuevas divinas. Claro que yo tengo cierta reticencia a ellas, puesto que hace años me opere de la vista y había sufrido todo lo que me toco cuando eres una niña con gafa pasta. Pero hoy he llegado a la conclusión que no puedo llevarlas solo para trabajar, leer y ver la tele, por que ha sido hoy cuando por tercera vez una amiga me ha tenido un llamar a gritos por que a una distancia de 5 metros no la he saludado, menos mal que ella lo sabe y me ha llamado. Yo me pregunto ¿a cuanta gente he dejado de saludar y les habrá sentado mal por mi tozudez de no querer ponerme las gafas? Solo espero q no haya sido ninguna y si ha sido a si, lo siento muchísimo y prometo ponerme más las gafas

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